Una lectura crítica a las infecciones respiratorias aguda y su impacto en la morbi mortalidad infantil.
- reliasmelgen

- 11 ene
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Las infecciones respiratorias agudas (IRA) en la infancia, no son hechos exclusivamente biológicos, sino expresiones de procesos históricos y estructurales, característicos de contextos de pobreza, desigualdad, precariedad habitacional, desnutrición y acceso diferenciado a servicios de salud.
La morbi mortalidad infantil por IRA, debe ser reinterpretada; más que un problema clínico o de “factores de riesgo” individuales o de fatalidad biológica, como expresión de decisiones políticas, económicas y sanitarias.
Debe ser entendido como un proceso histórico ‑ estructural que produce enfermedad y muerte de forma diferencial, según clase, territorio, género, etnicidad y edad.
Esto significa que la morbi mortalidad por IRA no se explica como un agregado de factores individuales, sino como resultado de procesos sociales que configuran desigualdades y vulnerabilidades, caracterizados por escenarios donde las familias residen en viviendas precarias, hacinadas, con ventilación deficiente y exposición a contaminantes intradomiciliarios (biomasa y humo de tabaco) y ambientales (tránsito, quema de residuos) y a carencias en agua y saneamiento.
Por otro lado, la desnutrición crónica y el déficit de lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida debilitan el sistema inmunitario infantil y aumentan la gravedad de las IRA y aun cuando los antibióticos pueden tratar la neumonía bacteriana, solo una parte de los niños que los necesitan, los reciben de manera oportuna; las barreras socioeconómicas y culturales ralentizan la búsqueda de atención y el acceso a tratamientos adecuados.
En suma, las IRA en la infancia funcionan como marcadores biológicos de injusticia social: indican dónde y a quiénes se le niega condiciones de vida y salud dignas; revelando brechas territoriales (rural/urbano periférico), socioeconómicas y de oportunidad de atención.
En ese sentido, la morbi mortalidad por IRA no se resuelve solo con tecnologías médicas; se requiere además un modelo de cuidado territorial, universal y público.
Se debe tener en cuenta, que la infancia es un sujeto político y de derechos y, al mismo tiempo, un grupo históricamente subordinado en sociedades adultocéntricas y desiguales.
Los niños y niñas que nacen en hogares empobrecidos enfrentan trayectorias de vida marcadas por precariedad habitacional, inseguridad alimentaria y acceso sanitario irregular.
Morir por una neumonía evitable, en este marco, no es un azar clínico: es una muerte socialmente producida, resultado de prioridades presupuestarias, ordenamientos urbanos excluyentes y políticas que no colocan la vida infantil en el centro de la agenda pública.
Aunque la literatura sanitaria insiste en que la mayoría de las muertes por IRA son “prevenibles”, esta afirmación resulta vacía cuando se desconecta de las condiciones materiales de existencia.
Vacunas, antibióticos y educación sanitaria son indispensables, pero no bastan si no se transforman las estructuras que reproducen pobreza, viviendas insalubres, contaminación y sistemas de salud centrados en la curación tardía.
Prevenir verdaderamente implica políticas intersectoriales de vivienda digna, agua y saneamiento, protección ambiental, seguridad alimentaria y cuidado integral, sostenido por un sistema de salud universal y con financiamiento público suficiente.



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